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De la Grecia clásica a San Francisco: una aproximación a la historia del coaching

Una aproximación a la historia del coaching

Es una feliz noticia que el coaching sea ya un término o una realidad asentada, que sea una palabra casi usual en nuestro vocabulario y que se emplee con naturalidad en múltiples contextos, desde el educativo al empresarial, pasando por el deportivo. Pero, ¿qué es el coaching? Es decir, ¿alguna vez os habéis preguntado por su historia, por sus orígenes, por su significado? Hoy intentaremos hacer un breve recorrido por esta palabra, por sus orígenes como disciplina, viajando con vosotros nada menos que a los tiempos de Sócrates, allá por el siglo V a.C.

No pretendemos aquí extender la línea histórica del coaching hasta el albor de los tiempos, pero sí analizar algunas influencias, axiomas o principios que el coaching emplea hoy en día, y que dialogan con ideas y conceptos que provienen (algunos) de variadas escuelas de pensamiento, algunas ciertamente antiguas y otras no tanto. Así que viajemos prestos a la Atenas de Sócrates.

De cómo conversar o sobre el método socrático

Fue el maestro de Platón, según nos dicen las crónicas filosóficas, quien se empeñó en poner el diálogo en primer plano a la hora de entender la naturaleza de las cosas y aproximarse al conocimiento del hombre y el mundo y al elusivo fin de la sabiduría. De Sócrates sabemos por sus discípulos y amigos, y sobre todo por Platón, quien practicó en sus diálogos el método de su maestro, una metodología a la que denominó “Arte de la Mayéutica” y que aún asombra por su eficacia y su sencillez. ¿El secreto? La duda constante, el cuestionamiento permanente, el hacer y hacerse preguntas sin desfallecer a través del diálogo con el otro (o con uno mismo) para alcanzar conclusiones propias y originales mediante el permanente cuestionamiento de nuestras certezas.

La Mayéutica, curiosamente, significa obstetricia, esa rama de la Medicina que se ocupa del proceso de la gestación, el parto y la lactancia, y es el propio relato familiar de Sócrates el que parece darnos la clave de la elección de la palabreja. Si aceptamos la veracidad de las fuentes, fue de su madre, Fainarate, de profesión comadrona, de quien Sócrates extrajo la enseñanza y la inspiración para otorgar un nuevo significado filosófico al que, desde entonces, es un concepto bien distinto: se trataba de gestar, dar a luz al hombre lúcido y pensante, cualidad que él adivinaba presente o latente en todas las personas. Era por medio del debate intelectual o filosófico, por ese preguntarse permanentemente por todas las cosas, como alumbraría finalmente la semilla de la sabiduría en todos y cada uno de nosotros.

Sócrates y el coaching

Hay, por supuesto, otras influencias o relaciones interesantes en el coaching, más allá del bueno de  Sócrates. No podemos despreciar a su principal discípulo, Platón, y su exploración del método socrático, de esa unión entre el preguntar y la escucha activa que caracteriza la actividad de un buen coach, o su defensa de la educación como modeladora del carácter. O al más materialista Aristóteles y su defensa del pensar como un actuar y de la búsqueda de la felicidad como motor de la vida humana. Pero hay otros saltos, más allá de la filosofía clásica, que forman parte también del basamento del coaching. Así, los descubrimientos de la filosofía existencialista y la fenomenología parecen haber tenido una influencia clara en lo que hoy conocemos como coaching, sobre todo en su acento en la toma de conciencia de la propia existencia y la incidencia del entorno en nuestra configuración personal.

El coaching: un producto de la modernidad

Influencias, en fin, hay muchas, pero no podemos negar que el coaching, como metodología, es un producto claro de la modernidad. Fue quizá en la década de los setenta del siglo pasado cuando, tras muchos dimes y diretes filosóficos, el californiano Timothy Gallwey ideó una nueva metodología para la consecución, mediante el entrenamiento, de la excelencia personal y profesional en el ámbito deportivo. Gallwey se percató de que el principal enemigo de cualquier deportista no era su cuerpo sino su propia mente, derivando poco a poco sus descubrimientos hacia otros ámbitos y perfiles profesionales, como los directivos de empresas, el contexto médico o el educativo. Seguro que les suena el título del que es ya un clásico del coaching, The inner game, donde definía un método de entrenamiento integral aplicable a una multiplicidad de situaciones distintas que le ha valido (por supuesto, sin consenso) el nombre de “padre del coaching moderno” en muchos foros, incluso en contra de sus propias afirmaciones, pues él mismo defendía que su método iba “de la mano del coaching”. Sea como fuere, quizá merezca la pena recordar su descripción de ese juego interior que tan célebre le hizo: “Siempre hay un juego interior en tu mente, no importa qué este sucediendo en el juego exterior. Cuán consciente seas de este juego podrá marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso en el juego exterior”.

No quisiéramos terminar sin mencionar otros nombres que merecen ser recordados en esta brevísima historia, nombres como el del británico Sir John Whitmore, un antiguo profesional del automovilismo que, tras capitanear varias empresas decidió dar el salto el emprendimiento y fundar su propia compañía, siendo autor del célebre Coaching for Performance, otra de las biblias del coaching y un auténtico bestseller, donde da forma y contenido al llamado “método GROW”, un método centrado en la necesidad del cambio cultural en las organizaciones como elemento indispensable para enfrentarse al acelerado ritmo de las inevitables transformaciones de la sociedad moderna. Incluso hay quien sitúa, quizá exageradamente, el orígen del coaching en las enseñanzas de Werner Erhard, creador del método EST (Erhard Seminars Training), una herramienta que, en todo caso, sí comparte algunos de los principios metodológicos de la disciplina.

Así que, como ven, no es tarea fácil establecer una línea cronológica exacta sobre el orígen y evolución de la disciplina, pues su axioma fundamental no es otro que la observación y la potenciación de la subjetividad de la acción humana para lograr el desarrollo personal, una visión que comparten muchos, si no todos, de los pensadores que en el mundo han sido.

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