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Coaching y deporte: un binomio imbatible

curso coaching deportivo

Los desafíos del deporte profesional o amateur, ya lo practiquemos individualmente o en equipo, son muchos y variados, aunque quizá se podrían resumir en un factor clave: las altas exigencias ineherentes a cualquier modalidad o competición deportiva. Desde antiguo, los deportistas y los entrenadores se han esforzado por mejorar su desempeño personal con el fin de lograr el máximo desarrollo de sus talentos deportivos. Hoy, tienen una potente herramienta más a su servicio: el coaching deportivo.

Deporte y coaching configuran una unión que, cada vez más, es percibida por el público como un tándem casi imbatible, y no es para menos, pues sabemos que el coaching ha sabido posicionarse como una excelente opción para integrar, favorecer y estimular el desarrollo personal, las herramientas conductuales y la eficacia organizacional en la ideación y desarrollo de estrategias eficaces de intervención en deportistas y entrenadores, con el objetivo de enfrentarse a los exigentes retos de la preparación y la competición, más allá del nivel de desempeño de la actividad, es decir, ya sea a nivel profesional o aficionado.

Al margen de los recurrentes debates mediáticos sobre la eficacia del coaching, y de la evidencia de que los coachs certificados son siempre la mejor opción para emprender un proceso de acompañamiento centrado en el cambio y la trasformación organizativa y personal, nuestra experiencia en el ámbito del coaching y del deporte nos ha permitido aprender que se trata de dos mundos no solo compatibles, sino de sinergias claramente convergentes. De hecho, no parece casualidad que el deporte sea, precisamente, uno de los orígenes del coaching (palabra que en inglés se emplea con el sentido de “entrenamiento” y a la que dedicamos un post aclaratorio lleno de sorpresas), y que en los últimos años se haya ido integrando gradualmente, pero de manera inevitable, en los contextos deportivos como un procedimiento enfocado hacia la mejora del desempeño de los deportistas y preparadores.

Los entrenadores: ¿Por qué el coaching deportivo?

La respuesta a esta interrogante tiene mucho que ver con el liderazgo o, por expresarlo de un modo quizá más gráfico, por el tipo de liderazgo que el coaching responsable intenta promover o impulsar. Nos referimos a la percepción de ese liderazgo y del propio equipo como un sistema enlazado de sinergias, objetivos y dinámicas compartidas, es decir, a un liderazgo legitimado por la percepción que tienen los miembros de un equipo de aquel o aquella llamados a liderarlos. Es, en el fondo, la vieja división latina entre potestas y auctoritas, entre un liderazgo meramente jerárquico y, por lo tanto, impuesto  (la potestas o capacidad legal para tomar decisiones, que configura un liderazgo puramente formal) y otro liderazgo cuya legitimación es social y se apoya en el reconocimiento de saber, la valía o la capacidad para emitir opiniones cualificadas que serán valoradas por el grupo.

Coaching deportivo

Es este el liderazgo con el que deberían operar las organizaciones y que también debe definir el liderazgo deportivo, por supuesto con todos los matices necesarios para adaptarse a un contexto definido por los objetivos marcados y la composición particular de cada equipo. Porque un entrenador eficaz es aquel que sabe y puede adaptarse al distinto perfil de los jugadores que forman un equipo (teniendo en cuenta características definitorias como la personalidad, la madurez, las habilidades particulares, etc.), pero también a las sorpresas o requerimientos de la situación concreta en que se ejerce (en un partido o competición, durante un entrenamiento, en el vestuario o las reuniones de grupo.

Por eso decimos que los entrenadores del futuro (aunque podríamos hablar también de nuestro presente) tendrán que desarrollar y aplicar las llamadas competencias del Coaching: identificar los obstáculos o dificultades que impiden o ralentizan el aprendizaje y el desempeño de los deportistas y desarrollar intervenciones eficaces sobre los problemas detectados para lograr disolverlos o reconducirlos. Esto implica que dicho liderazgo deportivo debe adaptarse a los nuevos modos de conducir o liderar, integrando en su naturaleza una flexibilidad muy alejada de los modelos clásicos del liderazgo de ordeno y mando. Porque el liderazgo deportivo, será conversacional o no será.

¿Y los deportistas? El camino del autoconocimiento

Todo deportista es consciente de la importancia del factor mental y emocional en su rendimiento deportivo, y el coaching deportivo es una vía eficaz e integradora hacia el desarrollo de nuevas habilidades que generen en nosotros esa autoconfianza, ese plus de motivación necesarios para atacar con decisión los desafíos diarios del entrenamiento, solventar las muchas ansiedades ocultas tras la definición de nuestros objetivos (los miedos, la pereza, la sensación de no llegar a los hitos marcados en nuestro camino de desarrollo y disfrute deportivos), incluso las exigencias de los días o semanas de competición. ¿El objetivo? Mejorar nuestra concentración y gestionar mejor las emociones. En definitiva, desarrollar nuestros talentos con el fin de elevar el rendimiento y, por supuesto, la satisfacción personal con uno mismo.

Coaching deportivo

En este camino, las sesiones individuales entre coach y deportista son un medio capital para lograr extender los niveles de privacidad o confidencialidad necesarios en cualquier proceso de gestión de nuestras respuestas emocionales. Porque el coaching deportivo es un proceso, pero un proceso que trasciende lo deportivo: se trata de que el deportista de paso a la persona para poder conocer sus propias motivaciones, su grado de deseo para alcanzar los objetivos que se haya marcado.

La conversación, la mayéutica del preguntar para indagar y aprender, los famosos  “qué, cómo y para qué”, la gestión del cambio… son etapas en un trayecto de transformación que tendrán su recompensa: trazar un plan de acción, visualizar futuros posibles o deseables y el camino para alcanzarlos, replanificar nuestras estrategias deportivas, autoevaluarnos sin perder nunca de vista el fin o fines de nuestro quehacer deportivo. Porque el objetivo principal de cualquier proceso de coaching deportivo es, por supuesto, establecer una  estrategia de trabajo y desarrollo, con sus metas y objetivos, pero también la toma de conciencia y el desarrollo del compromiso y la responsabilidad personales.

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