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El coaching llega a la educación, y lo hace para quedarse

Coaching educativo: el coaching llega a la educación, y lo hace para quedarse

Sabemos que todo proceso de cambio es necesariamente pausado o gradual, pero también que los nuevos paradigmas acaban por abrirse paso, con esfuerzo, aunque casi inevitablemente, según van venciendo resistencias y afianzando poco a poco sus cimentos. Y es precisamente esto lo que estamos viviendo en el delicado contexto educativo, donde por fin empezamos a operar siguiendo nuevos (o no tan nuevos) descubrimientos, como las inteligencias múltiples, entre ellas la llamada inteligencia interpersonal, un poco descuidada todavía, a decir verdad, en el ámbito educativo. Pero no hay duda de que todo va a cambiar en la educación. O mejor: ya está cambiando.

Porque el coaching, entendido como un proceso de acompañamiento centrado en las necesidades de quien decide embarcarse en él (un proceso identificador de limitaciones, sí, pero centrado en el desarrollo o descubrimiento de habilidades y herramientas que nos permitan superar nuestras barreras) ha llegado a la educación. Y lo ha hecho para quedarse. Pero, ¿qué es el coaching educativo?

Herramientas, herramientas, herramientas

Quizá la forma más inmediata de definirlo es con una sola palabra: herramientas, aunque no nos refiramos a cualquier tipo de procedimiento instrumental, sino a unas herramientas enfocadas en el aprendizaje o, por decirlo de una manera más directa, a las herramientas necesarias para aprender y enseñar mejor. La propuesta del coaching educativo no es, por supuesto, un órdago mágico o alquímico, sino una metodología a la vez abierta y precisa, una metodología que busca el desarrollo personal y profesional a través de la búsqueda consciente de cambios de perspectiva que nos permitan aumentar nuestra motivación, responsabilidad y compromiso y centrada siempre en la potenciación de un verdadero aprendizaje. Porque el coaching aplicado a la educación busca promover el cambio a nivel cognitivo, emocional y conductual con el objetivo de ampliar nuestra capacidad de acción.

La metodología experiencial

No hablamos aquí de una disciplina o aprendizaje directivos, pues no se trata de eso. Por el contrario, el coaching educativo busca promover la creación de condiciones propicias para el aprendizaje y la transmisión de conocimiento. Se trata, en definitiva, de una metodología con hondas y firmes raíces en una concepción experiencial del aprendizaje y el crecimiento personales, que potencia que profesores y alumnos alcancen soluciones prácticas a través de la autorreflexión. Y esto en al menos tres niveles distintos, pues el coaching educativo trabaja en la co-creación y desarrollo de herramientas ejecutivas específicas para los directivos de los centros (institutos, colegios e, incluso, universidades), pero también (y sobre todo) en los procesos de enseñanza, trabajo en equipo y desarrollo de habilidades comunicativas de los docentes; y, por último, en la metacognición de los propios alumnos, en la toma de conciencia sobre el propio proceso de aprendizaje, en las herramientas adecuadas para una eficaz y asertiva gestión de los conflictos y en el desarrollo de la inteligencia emocional.

El trabajo sobre estos tres niveles (dirección, claustro y alumnos) es la base del nuevo paradigma educativo, un paradigma donde se redefinen los roles tradicionales: el profesor será ahora un guía que acompaña al alumno en el proceso de aprendizaje, un creador de espacios de aprendizaje no directivos centrados en el desarrollo holístico de los estudiantes. Para los profesores, las herramientas del coaching les permiten explorar y ser conscientes de sus propios errores o limitaciones, estableciendo estrategias de modificación o superación, ayudándoles a configurar entornos educativos y estrategias más experienciales y, en definitiva, más enriquecedoras para quien debe ser el protagonista del aprendizaje: el alumno.

Cabría, por supuesto, preguntarse por los concretos beneficios para el alumno de esta nueva metodología, y la respuesta está en una de las claves de cualquier proceso de coaching, centrado siempre en la mejora del rendimiento individual desde una perspectiva adaptativa, es decir, con la flexibilidad suficiente como para detectar y aprovechar las habilidades o puntos fuertes de los alumnos individuales. Porque la clave está en centrarse en el potencial de cada uno de los alumnos. Y aquí el coaching tiene mucho que decir.

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