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La Duda

Dudar. Un verbo que no me gusta conjugar. Me atrevo a decir que es una acción que no nos gusta a ninguno. Una situación que trato de evitar. Sí quiero estar seguro, ¿seguro de qué? Seguro de todo. Sin incertidumbre, todo bien atado. El que duda, no me da sensación de control. El que no duda, el líder a seguir, me da seguridad.

Sin embargo, para mí, la duda es un paso necesario, para mí, básico, a la hora de tomar una decisión. Dudar como inspiración para la búsqueda de información, para el hallazgo de respuestas y de nuevos interrogantes que me lleven hasta las dobleces de la situación. Y una vez conocidas, poder soltarlas. Si no las conozco, no podré hacerlo y acabarán llegando a mí.

Yo creo que cuanto más y mejor dude, mejor me sentiré con la decisión conseguida. No sé si decir más seguro puesto que no sé medir los grados de seguridad y la certeza absoluta no puedo alcanzarla. A partir de esto, conocer cuál es la línea roja, la delgada línea roja, que separa la duda de la inacción, la falta de decisión que me lleva a no hacer nada, no porque yo así lo decida, sino porque no me atrevo a elegir y me quedo en una duda infinita.

El hecho de dudar me aporta más información, mayor grado de solidez. Dudar es algo temporal, provisional, para encontrar algo. Dudar por dudar me llevará al escepticismo y no dudar de nada, al fanatismo.

Dudar o no dudar, ahí está mi elección.

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